
9. S.Miguel
La antigua y pequeña iglesia de S. Miguel Arcángel surge a pico sobre la pared de tufo que supera la Basílica de S. Elías. Parece ser que el culto del Arcángel Miguel se ha desarrollado en Castel S. Elías junto al culto mariano, desde la época de los monjes benedictinos. La pequeña iglesia fue construida en memoria de la aparición del Príncipe de los Ángeles en S. Anastasio Abad durante la permanencia de los benedictinos en Castel S. Elías. La antigüedad de la iglesia es confirmada no sólo por el fresco en la Basílica de S. Elías (siglo XII), sino también por dos lápidas colocadas cerca del altar (siglo IX y XII).
El tejado de la pequeña iglesia es de techo con cerchas de vigas de madera sobriamente decoradas con pinturas a óleo. Encima del altar una pintura, de la segunda mitad del siglo XIX, reproduce a S. Miguel Arcángel que llama al cielo algunos monjes benedictinos.
Ampliada y restaurada por Mons. B. Doebbing, la iglesia fue renovada y embellecida, en 1983, por los Padres Miguelistas.
En proximidad de la pequeña iglesia, a orillas de la roca, se encuentra ubicado el Cementerio subterráneo de los religiosos donde, entre otros, descansa el cuerpo de Mons. B. Doebbing.
Este relieve cuadrado, marmóreo, es interpretado como sigue por el Prof. H. Pfeiffer (Pontificia Universidad Gregoriana), que así describe la lápida: toda la placa está subdividida, mediante cintas trenzadas, en nueve campos. Lo que es sin duda alguna una alusión al cielo (por ejemplo los nueve coros angélicos). También las tres rositas son un símbolo paradisíaco. Los tres granados significan cada una de las iglesias que recogen a los miembros del pueblo de Dios, e incluso expresa el fruto del amor. La repetición por tres veces significa que estos frutos son frutos para el paraíso, para el cielo. Los tres monstruos son fuerzas diabólicas, que ya tienen la función de guardias del paraíso en el que dejan entrar tan sólo a los Santos, a los inocentes, mientras a todos los demás les está prohibido entrar. Mas es también todo un misterio encerrado mediante el simbolismo de las cifras 3 y 9, y mediante las cintas trenzadas. La lápida remonta al siglo IX.


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