
10. Basìlica de S.Elias
Según la tradición, en este lugar existía un templo dedicado a Pico Marcio; los peñascos en cambio eran sagrados en Falácro, dios etrusco de las rocas. El Emperador romano Nerón habría erigido un templo a Diana, divinidad de la caza (tal vez la Diana Nepesina, puesto que en una epígrafe en Nepi se lee: “iuvenes nepesini dianenses”).
S. Benito fundó cinco colonias benedictinas en Roma de las que una “en Suppentonia ad S. Eliam” (520). El nombre “Suppentonia” dado al Monasterio tal vez se debe a las laderas en que se encuentra o bien el nombre “olla” derive del griego “cinco”, precisamente en relación con el número de monasterios benedictinos.
Durante los siglos VIII y IX el Monasterio tuvo un periodo de esplendor y actividad artística, según lo demuestran los mármoles y el primitivo ambón.
Sobre la cripta y la Basílica primitiva (VIII o IX siglo) en el siglo X fue reconstruida, por el abad Elías, la actual Basílica y el Monasterio, devastados por los Sarracenos.
Bajo el cuidado de los Monjes hasta 1258, la Basílica sirvió de iglesia parroquial hasta 1648, cuando se erigió una nueva iglesia parroquial.
A los primeros Abades del Monasterio, S. Anastasio y S. Nonnoso, sucedieron: Mayolo (futuro Abad de Cluny), Elías y Bovo.
La fachada, atribuible al siglo XI, casi desprovista de decoraciones, lleva en el arquitrabe dos cabezas de ariete, dos ciervos, una águila y dos leones. En los estípites (tiempo lombardo) diferentes figuras. Encima del portal de entrada una inscripción recuerda a Pío IX, quien encargó al arquitecto Virginio Vespignani de renovar el monumento (1850-1856). En 1258, con Bula de Alejandro IV, el Monasterio, la Basílica y las demás propiedades pasaron al Capítulo del Espíritu Santo en Sassia, Roma. Pablo III adquirió el Monasterio, la Basílica y el mismo pueblo de Castel S. Elías y todas sus propiedades; en 1540, y junto con Nepi y Ronciglione lo cedió al Duque Pier Luigi Farnese de Parma. Los Farnese fueron muníficos feudatarios hasta 1663, cuando devolvieron todo a la Santa Sede.
Interior
En puro estilo románico de tres naves con transepto y ábside, la Basílica impresiona por sus líneas claras. Las columnas son bloques monolíticos con diferentes capiteles extraídos de antiguos edificios. En la nave central queda una parte del pavimento cosmatesco que en el transepto se conserva casi por completo. Muy diferente en cambio la “Schola Cantorum” cuyo cercado estaba formado por placas finamente esculpidas, ahora colocadas en el ambón y abajo del arco triunfal.
En la nave de izquierda: fragmentos, pilastras, plúteos, sarcófagos de la edad imperial romana.
En la nave de derecha: serie de frescos de la Virgen y de los Santos. Son los “ex-voto” por gracias obtenidas y testimonian la existencia del culto mariano. Entre los frescos aparece una puerta amurallada con bóveda que servía de entrada al Cenobio.
Altar (Ciborio)
El baldaquín de mármol está sostenido por 4 columnas de pavoncito, granito y mármol blanco entre los que aún se ven los hierros con anillos que mantenían las cortinas.
Del gancho de arriba colgaba, tal vez en forma de paloma, el vaso para la Eucaristía. Las columnas están superadas por capiteles corintios, diferentes entre sí. En el arquitrabe se encuentra una serie de 5 columnillas de cada lado que sujetan el tolo. En la parte anterior y entre dos gamas de mosaico hay una cruz.
En el transepto los dos altares de Protesi y Apotesi, engrandecidos con ruda obra de albañilería y cubiertos de placas de mármol.
Frescos - Ábside
Están firmados por sus autores (siglo XI): los hermanos Juan y Esteban, pintores romanos, y Nicolás, sobrino de Juan.
La figura del Cristo Redentor domina el cascarón del ábside, con a los dos lados Pedro y Pablo, y con dos Santos: a la izquierda S. Elías, guerrero, que después de su conversión pasó a ser Abad del Monasterio. La figura a la derecha no fue identificada (posiblemente Eliseo).
En la segunda parte del ábside, 12 ángeles (símbolos de los 12 Apóstoles) se desplazan hacia el Cordero de Dios, procedentes de las dos ciudades místicas del Apocalipsis (Jerusalén y Belén).
En la parte inferior se articula una teoría de vírgenes-mártires, con sus coronas en las manos. A la figura central montan guardia dos ángeles de estupenda belleza que aquí, por primera vez en Occidente, ocupan un lugar tan relevante en la pintura. La figura central (destruida) ha de haber sido la Virgen.
Transepto (siglo XI y XII)
Estaba todos pintados al fresco con visiones del Apocalipsis. El lado izquierdo, en gran parte fue destruido por la caída de un bloque en 1607.
En el lado derecho se encuentran:
apertura del libro de los siete sellos,
ángeles que mantienen los vientos,
los caballeros del Apocalipsis,
el dragón que persigue a la mujer, vestida de sol.
Los frescos que hacen parte de la famosa pintura de la Edad Media se encuentran al lado de aquellos de S. Ángel en Formis. Lejos de la pintura monumental bizantina son de una majestuosa concepción.
Los frescos están puestos en marcos por ricos ornamentos con detalles de fruta, loros, pavos, hojas y granados.
Vírgenes-mártires
La parte izquierda del ábside inferior se conserva muy bien. S. Vírgenes-mártires se mueven hacia el centro, vestidos con ricos indumentos, llevan sobre las manos veladas sus coronas a la Virgen. En comparación con los frescos de S. Clemente en Roma, en estos la estilización ornamental es más rígida, la interpretación linear más resentida. Los rostros se ven bien perfilados de rojo y coloreados con pintura roja aguada y verde pálido, con manchas rojas sobre las mejillas. El drapeado envolvente aparece alumbrado duramente en blanco, por la creciente influencia bizantina.
Los 24 Videntes
El fresco hace referencia al texto del Apocalipsis 5,10: “Has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sacerdotes”. 6 Videntes en dos teorías dominantes están orientadas hacia el centro, caminando y llevando en la mano velada de sacerdotes unos cálices en los que ofrecen al Cordero de Dios las oraciones de los fieles. Los indumentos, con alternancia de colores, son ornamentos sagrados del largo que encontramos en el Museo.
a) la túnica (indu
mento común),
b) la toga (“abrigo”),
c) una planeta que cubre la mano derecha y sujeta el cáliz,
d) “el orarium” o la estola.
(Cf. W. Dettmann, Die vier Kleidungsstucke der 24 Alteste, 1968).
Muerte de S. Anastasio
En los “Diálogos” (libro I, cap. VII) S. Gregorio Magno cuenta de un abad, S. Anastasio, que una noche junto con otros 8 monjes oyó que le llamaban; la voz vino de lo alto del peñasco. Fue la llamada a la muerte.
El fresco (debajo de los 24 Videntes) representa dicho
episodio. En el semicírculo se ven los monjes durmientes. Encima de ellos, en la parte alta, aparecen sus almas, y a su lado un Ángel y una capilla (la actual pequeña iglesia de S. Miguel). En el medio del fresco el campanario, a la izquierda una parte del Monasterio en cuyo patio yace el difunto abad S. Anastasio.
Este fresco es un documento muy importante para:
a) la existencia del Monasterio,
b) para la pequeña iglesia de S. Miguel,
c) para el culto de S. Miguel Arcángel.
Cripta de la Basílica
Una escalera empinada conduce a la Cripta. Arriba de la entrada se lee la epígrafe: “LUX IMMENSA DEUS. LUMEN DE LUMINE FULGENS. BOVONI FAMULO SIS PRECOR AUXILIUM” (Luz inmensa Dios. Luz resplandeciente de la Luz. Ruego ayuda para el siervo Bovo).
La Cripta es el fulcro de la primitiva Basílica, con res
tos del ábside antiguo del siglo VIII o IX (actualmente ocultada por el basamento de la Basílica) a la que pertenecen mucho de los mármoles dispersos en el interior y utilizados en la puerta de entrada. Un pequeño vano (parte derecha de la Cripta) es anterior al siglo VIII que era el oratorio del Monasterio, fundado en el año 520.
En la Cripta se encuentran las tumbas de dos abades del Monasterio: S. Nonnoso y S. Anastasio.
Púlpito de Gregorio IV
La obra original fue construida bajo el Pontificado de Gregorio IV (827-844), tal como resulta de la inscripción en un cimacio del púlpito (ahora colocada en la puerta de entrada, en la parte baja a la izquierda): TEMP(oribus) DOM(ini) GREG(orii) QUARTI. El púlpito era de una concepción tan armoniosa y elegante que superaba cualquier otro similar existente en el mundo. Podría ser reintegrado en su estado antiguo con pocas restauraciones puesto que todavía existe casi todo. De tal manera sería posible
presentar a los estudiosos un ensayo auténtico y completo de escultura ornamental del siglo IX.
La forma actual se debe a la restauración realizada a principios del siglo XII. Fue mérito del Ing. Mazzanti por haber encontrado todas las piezas de mármol del primitivo ambón, actualmente diseminados en la Basílica por todas partes.
La Basílica en 1826
Representa elementos que hoy ya no existen, como: el campanario agregado en 1260 por los Canónigos del Espíritu Santo en Sassia, derrumbado en 1856, provocando innumerables daños al monumento; el sacellum de la Virgen y restos del Monasterio, donde hoy se encuentra el cementerio parroquial.


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